Robar, robar y robar.

Robar,
robar y solo robar

Robar, robar y solo robar.


La cabra tira al monte. Y no, no se confundan, no estamos hablando de Sergio Ramos que más que cabra es un caballo loco, ni de un nuevo libre directo de Cristiano Ronaldo al Everest, sino del nuevo robo del Robar Madrid ayer en Balaídos ante un Celta de Vigo, que a diferencia de sus colegas regionales del norte, salió a plantar cara con agallas a la banda de delincuentes deportivos más famosa de todos los tiempos.

Sí el doce de Zizú no hubiera consumado ayer un nuevo atraco podría habérsele acusado de falta de regularidad, por lo que, sin reparo alguno, procedieron a distraer los tres puntos de Balaídos de una manera más que profesional y adecuada a lo que son: chorizos profesionales (y regulares).

Sin dilación comenzó el espectáculo del MVP del Real Madrid, una vez más el trencilla Martínez Munuera, amonestando a Iago Aspas por una mano de Varane, algo así como que te atropellen con el coche y encima te hagan pagar la abolladura. Amarilla al delantero y balón para el Madrid.

Poca importancia podría haber tenido la acción del central mandril, si no hubiera sido por la continuación de la película. Patada de Sergio Ramos dentro del área al delantero celtiña ya amonestado al que derriba en un penalty como una catedral, pero que se salda con la segunda tarjeta a Aspas por simular. ¿Alguien recuerda cuando expulsaron a Juanfran, el hoy atlético, cuando jugaba en Osasuna por recibir dos penalties como dos soles de la defensa blanca por doble simulación? Pues aquí tienen la secuela. Si se la han perdido no se preocupen, habrá más.

En la jugada siguiente, piscinazo de Cristiano en el área, que el árbitro señala pero, no sorprendentemente, se olvida de sacar la amarilla que acababa de sacar al rival en campo contrario. Quizá piense Martínez Munuera que para ser amonestado tienes que recibir, o quizá sea lo que pensamos todos, que está corrompido hasta la médula por bolsas de merchandising y por lo que no son bolsas.

Y para más repeticiones de películas malas, la nueva expulsión perdonada a Casemiro por doble amarilla. Eso sí, como había que sacarla, ya se la sacaron a Guidetti que pasaba por allí.

Una tras otra, jugadas claras que eran a favor del Celta caían del lado de la banda de Alí Baba. Jugadas que añadidas a la retirada de la quinta tarjeta amarilla a Nacho por el comite de felación, y a que Cristiano (que recordemos marcó dos goles – el segundo en fuera de juego -) – tras su agresión por la espalda a Lenglet -, y a Ramos – que aún debería estar sancionado tras sus aplausos al árbitro, conceden la ventaja necesaria a un equipo mediocre para que pueda ganar la Liga en la última jornada ante un Málaga, entrenado por un ex-madridista que aseveró que si pierde no estará demasiado triste, propiedad de un presidente que dijo que la escoria del Barcelona no ganará el título, y que se llevará un millón de euros del Real Madrid por primas sobre el fichaje de Isco. Pero no, no hay pruebas.

La cabra tira al monte. Y no, no se confundan, no estamos hablando de Sergio Ramos que más que cabra es un caballo loco, ni de un nuevo libre directo de Cristiano Ronaldo al Everest, sino del nuevo robo del Robar Madrid ayer en Balaídos ante un Celta de Vigo, que a diferencia de sus colegas regionales del norte, salió a plantar cara con agallas a la banda de delincuentes deportivos más famosa de todos los tiempos.

Sí el doce de Zizú no hubiera consumado ayer un nuevo atraco podría habérsele acusado de falta de regularidad, por lo que, sin reparo alguno, procedieron a distraer los tres puntos de Balaídos de una manera más que profesional y adecuada a lo que son: chorizos profesionales (y regulares).

Sin dilación comenzó el espectáculo del MVP del Real Madrid, una vez más el trencilla Martínez Munuera, amonestando a Iago Aspas por una mano de Varane, algo así como que te atropellen con el coche y encima te hagan pagar la abolladura. Amarilla al delantero y balón para el Madrid.

Poca importancia podría haber tenido la acción del central mandril, si no hubiera sido por la continuación de la película. Patada de Sergio Ramos dentro del área al delantero celtiña ya amonestado al que derriba en un penalty como una catedral, pero que se salda con la segunda tarjeta a Aspas por simular. ¿Alguien recuerda cuando expulsaron a Juanfran, el hoy atlético, cuando jugaba en Osasuna por recibir dos penalties como dos soles de la defensa blanca por doble simulación? Pues aquí tienen la secuela. Si se la han perdido no se preocupen, habrá más.

En la jugada siguiente, piscinazo de Cristiano en el área, que el árbitro señala pero, no sorprendentemente, se olvida de sacar la amarilla que acababa de sacar al rival en campo contrario. Quizá piense Martínez Munuera que para ser amonestado tienes que recibir, o quizá sea lo que pensamos todos, que está corrompido hasta la médula por bolsas de merchandising y por lo que no son bolsas.

Y para más repeticiones de películas malas, la nueva expulsión perdonada a Casemiro por doble amarilla. Eso sí, como había que sacarla, ya se la sacaron a Guidetti que pasaba por allí.

Una tras otra, jugadas claras que eran a favor del Celta caían del lado de la banda de Alí Baba. Jugadas que añadidas a la retirada de la quinta tarjeta amarilla a Nacho por el comite de felación, y a que Cristiano (que recordemos marcó dos goles – el segundo en fuera de juego -) – tras su agresión por la espalda a Lenglet -, y a Ramos – que aún debería estar sancionado tras sus aplausos al árbitro, conceden la ventaja necesaria a un equipo mediocre para que pueda ganar la Liga en la última jornada ante un Málaga, entrenado por un ex-madridista que aseveró que si pierde no estará demasiado triste, propiedad de un presidente que dijo que la escoria del Barcelona no ganará el título, y que se llevará un millón de euros del Real Madrid por primas sobre el fichaje de Isco. Pero no, no hay pruebas.

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