El Robar Madrid no gana ni robando

El Robar Madrid no gana ni robando

El Robar Madrid no gana ni robando


Que risas madre. No puedo parar. Ni Neymar, ni TAD, ni pollas. Y eso que la noche se presentaba complicada con una salida fulgurante del doce de Zizú capitaneado por Hernández al Cuadrado, el mismo que “no vio” como el balón entraba más de medio metro en la portería del Betis y que como premio a su ceguera voluntaria recibió, en vez de una temporada en la nevera, un pase al arbitraje de la vuelta del Clásico en el Franco Arena.

Comenzó fuerte el árbitro, perdonando una tarjeta roja como un piano a Marcerdo, por una agresión que dejó ensangrentando a Messi y con todos los dientes del argentino marcados en el codo del brasileño. Esperemos que el trencilla no refleje en el acta que el agredido ha sido el lateral. Casi inmediatamente, se adelantaba el Robar Madrid, que ya jugaba con uno de regalo, en otra jugada aérea mal defendida por los nueve de Luis Enrique (A Alba y a Alcácer no los voy a contar).

No sintió el golpe el Barcelona que trenzó una jugada de hasta doce pases para que el mejor jugador de la historia del fútbol, con dos toques magistrales, pusiera el balón dentro de la portería de Keylor Navas. Mientras tanto, Mister Portugal, se lamentaba.

Solo un par de minutos más tarde del empate culé, Casemiro, cometía una falta sobre el argentino que suponía su segunda tarjeta amarilla, que el árbitro, como el gol que mencionabamos arriba, vio, pero no señaló. Solo la palabra corrupción puede definir la actitud de un tipo que prevarica en cada partido que arbitra a Madrid y Barcelona. Y no fue la única, casi finalizando el primer periodo, repetición de la historia: Messi se va directo a la portería, Casimiro le suelta una hostia, y el árbitro se hace el longuis. Valiente mamarracho asalariado del florentinato que por si fuera poco, dejó seguir el partido en dos claros fueras de juego en contra de su equipo, que supusieron sendas ocasiones de gol, que no materializaron por que Cristiano es muy malo.

El segundo tiempo fue el reflejo de dos equipos sin entrenadores: alocado, sin centro del campo y con multitud de ocasiones por ambas partes, salvadas por una excelente actuación de ambos porteros. Mediado el periodo, Rakitic, cogió un balón en la frontal del área, regateó con la derecha y se la puso a la izquierda para sacar un cañonazo que se coló lejos del alcance del portero del Real Madrid. Mientras tanto, Cristiano se lamentaba.

Se ponía todo de cara cuando de nuevo Messi, omnipresente, polivalente y masturbante, provocó la expulsión de Caballo Loco Ramos, que entró al enano con los dos pies por delante, demostrando su absoluto salvajismo. Se marchó del campo totalmente fuera de sí, haciéndole gestitos a Piqué y aplaudiendo, que vamos a ver si hoy lo reflejan en el acta. 500 euros a que no. Ronaldo, en segundo plano, se lamantaba.

Pero ni contra 10, ni con el marcador a favor, Luis Enrique fue capaz de parar los continuos contragolpes del Real Madrid, que se aprovechaba de la descolocación de Piqué, más interesado en marcar que en defender, y de la pasividad defensiva de Jordi Alba y Rakitic, para en un centro de Marcerdo desde la banda izquierda anotar el gol del empate, obra de James.

Y cuando todo parecía decidido, especialmente cuando el trencilla decretó DOS MINUTOS de descuento Sergi Roberto tiró una diagonal perfecta, dejó el balón para Jordi Alba, que OH MILAGRO, puso un centro raso a Leo Messi para que se FOLLASE en su casa en el minuto 92, marcando su gol número 500, a la banda organizada de delincuentes deportivos más famosa del mundo. Mientras tanto, Cristiano se lamentaba. Y no es para menos, porque no son capaces de ganar ni robando, al peor Barcelona posiblemente de la última década que, a día de hoy, es líder de la Liga Santander.

Ah! Cristiano bien, eh. Ha batido el nuevo record de lamentos de LaLiga, ahora el balón, ni lo ha olido.

Que risas madre. No puedo parar. Ni Neymar, ni TAD, ni pollas. Y eso que la noche se presentaba complicada con una salida fulgurante del doce de Zizú capitaneado por Hernández al Cuadrado, el mismo que “no vio” como el balón entraba más de medio metro en la portería del Betis y que como premio a su ceguera voluntaria recibió, en vez de una temporada en la nevera, un pase al arbitraje de la vuelta del Clásico en el Franco Arena.

Comenzó fuerte el árbitro, perdonando una tarjeta roja como un piano a Marcerdo, por una agresión que dejó ensangrentando a Messi y con todos los dientes del argentino marcados en el codo del brasileño. Esperemos que el trencilla no refleje en el acta que el agredido ha sido el lateral. Casi inmediatamente, se adelantaba el Robar Madrid, que ya jugaba con uno de regalo, en otra jugada aérea mal defendida por los nueve de Luis Enrique (A Alba y a Alcácer no los voy a contar).

No sintió el golpe el Barcelona que trenzó una jugada de hasta doce pases para que el mejor jugador de la historia del fútbol, con dos toques magistrales, pusiera el balón dentro de la portería de Keylor Navas. Mientras tanto, Mister Portugal, se lamentaba.

Solo un par de minutos más tarde del empate culé, Casemiro, cometía una falta sobre el argentino que suponía su segunda tarjeta amarilla, que el árbitro, como el gol que mencionábamos arriba, vio, pero no señaló. Solo la palabra corrupción puede definir la actitud de un tipo que prevarica en cada partido que arbitra a Madrid y Barcelona. Y no fue la única, casi finalizando el primer periodo, repetición de la historia: Messi se va directo a la portería, Casimiro le suelta una hostia, y el árbitro se hace el longuis. Valiente mamarracho asalariado del florentinato que por si fuera poco, dejó seguir el partido en dos claros fueras de juego en contra de su equipo, que supusieron sendas ocasiones de gol, que no materializaron por que Cristiano es muy malo.

El segundo tiempo fue el reflejo de dos equipos sin entrenadores: alocado, sin centro del campo y con multitud de ocasiones por ambas partes, salvadas por una excelente actuación de ambos porteros. Mediado el periodo, Rakitic, cogió un balón en la frontal del área, regateó con la derecha y se la puso a la izquierda para sacar un cañonazo que se coló lejos del alcance del portero del Real Madrid. Mientras tanto, Cristiano se lamentaba.

Se ponía todo de cara cuando de nuevo Messi, omnipresente, polivalente y masturbante, provocó la expulsión de Caballo Loco Ramos, que entró al enano con los dos pies por delante, demostrando su absoluto salvajismo. Se marchó del campo totalmente fuera de sí, haciéndole gestitos a Piqué y aplaudiendo. 500 euros a que el árbitro no lo refleja en el acta. Ronaldo, en segundo plano, se lamentaba.

Pero ni contra 10, ni con el marcador a favor, Luis Enrique fue capaz de parar los continuos contragolpes del Real Madrid, que se aprovechaba de la descolocación de Piqué, más interesado en marcar que en defender, y de la pasividad defensiva de Jordi Alba y Rakitic, para en un centro de Marcerdo desde la banda izquierda anotar el gol del empate, obra de James.

Y cuando todo parecía decidido, especialmente cuando el trencilla decretó DOS MINUTOS de descuento Sergi Roberto tiró una diagonal perfecta, dejó el balón para Jordi Alba, que OH MILAGRO, puso un centro raso a Leo Messi para que se FOLLASE en su casa en el minuto 92, marcando su gol número 500, a la banda organizada de delincuentes deportivos más famosa del mundo. Mientras tanto, Cristiano se lamentaba. Y no es para menos, porque no son capaces de ganar ni robando, al peor Barcelona posiblemente de la última década que, a día de hoy, es líder de la Liga Santander.

Ah! Cristiano bien, eh. Ha batido el nuevo record de lamentos de LaLiga, ahora el balón, ni lo ha olido.

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