Cristiano y la vía penal

Cristiano y la vía penal

Cristiano y la vía penal


Hace unos años, cuando aún era Director del Diario Marca, declaraba Eduardo Inda en uno de sus famosos videoposts que a Messi el Real Madrid tenía que pararlo por lo Civil o por lo Criminal. Si bien los Arbeloa, Ramos, Marcerdo, y el aizcolari Xabi Alonso lo intentaron por la segunda vía, nunca lo consiguieron. Fue entonces cuando Florentino echó crecepelo al césped para que al enano le cubriera entero. Y ni por esas. Aún a día de hoy, los únicos capaces de parar a Leo Messi en contadas ocasiones son Luis Enrique, por lo civil, y la agencia tributaria del visirato, por lo penal.

Sin embargo, cuando hablamos de Mister Portugal, del busto de Madeira, del apex mundial de la perfección, la única vía penal que parece ser efectiva para hacer injusticia es la de los 11 metros de distancia. Para todo lo demás Mastercard: la de Florentino para cubrir, por lo mercantil, la penitencia del luso sobre el terreno de juego; la suya propia, según Der Spiegel, para cubrir las huellas de una presunta violación a una zagala que tuvo lugar cuando comenzaba su trayectoria en el club de Delito City; y la de todos los españoles que cubrimos por adelantado un fraude fiscal de 150 millones, cuya investigación se está tornando infinita.

Y si lo pensamos bien, es normal, enfrentarse a Cristiano en una competición de penales, donde ha batido todos los records habidos y por haber, es como intentar defenderle un uno contra uno al Michael Jordan de los cinco anillos. Mejor no hacerlo porque, primero acojona, y luego, la humillación está asegurada.

Hace unos años, cuando aún era Director del Diario Marca, declaraba Eduardo Inda en uno de sus famosos videoposts que a Messi el Real Madrid tenía que pararlo por lo Civil o por lo Criminal. Si bien los Arbeloa, Ramos, Marcerdo, y el aizcolari Xabi Alonso lo intentaron por la segunda vía, nunca lo consiguieron. Fue entonces cuando Florentino echó crecepelo al césped para que al enano le cubriera entero. Y ni por esas. Aún a día de hoy, los únicos capaces de parar a Leo Messi en contadas ocasiones son Luis Enrique, por lo civil, y la agencia tributaria del visirato, por lo penal.

Sin embargo, cuando hablamos de Mister Portugal, del busto de Madeira, del apex mundial de la perfección, la única vía penal que parece ser efectiva para hacer injusticia es la de los 11 metros de distancia. Para todo lo demás Mastercard: la de Florentino para cubrir, por lo mercantil, la penitencia del luso sobre el terreno de juego; la suya propia, según Der Spiegel, para cubrir las huellas de una presunta violación a una zagala que tuvo lugar cuando comenzaba su trayectoria en el club de Delito City; y la de todos los españoles que cubrimos por adelantado un fraude fiscal de 150 millones, cuya investigación se está tornando infinita.

Y si lo pensamos bien, es normal, enfrentarse a Cristiano en una competición de penales, donde ha batido todos los records habidos y por haber, es como intentar defenderle un uno contra uno al Michael Jordan de los cinco anillos. Mejor no hacerlo porque, primero acojona, y luego, la humillación está asegurada.

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