Miércoles de resurrección

Miércoles de resurrección

Miércoles de resurrección


Habría que preguntarse el porqué de estos giros inesperados en el subconsciente y en el ánimo, que solo el fútbol es capaz de desencadenar.

Será que me he levantado happy o, quizás, que considero a los italianos cobardes futboleros por excelencia pero lo cierto es que confío, por no se que tipo de superstición, en la remontada. Ha sido leer en los panfletos la supuesta lesión de Dybala, un anticuado truco al que los transalpinos llevan abonados desde tiempos de Marco Aurelio y que solo muestra el talante cutre de un calcio anclado al pasado más rancio, y comenzar a creer.

Con los debidos respetos, a un servidor el chaval argentino le parece más la copia moderna de aquel Munitis, fichado con aura de fenómeno por el Irreal de Madrí, que el supuesto megacrack que tratan desde la capital de España de vender al madridiota medio. Y si, como parece, los juventinos tratan de jugar al gato y al ratón con la supuesta alineación o baja definitiva del ídolo local, por aquello del miedo escénico que pudiera provocar su presencia, me queda recordarles una cosa: Leo Messi juega de azulgrana el miércoles, y miedo lo que se dice miedo… tan sólo nos lo inspira nuestro cuerpo tétrico (otrora, técnico).

Con la ciega confianza en la autogestión de nuestros jugadores, con la fe absoluta en un cobarde planteamiento por parte de Maximiliano Allegri y con la seguridad de que los Chiellini y los Mandzukic no repartirán con el mismo entusiasmo como el mostrado en la ida, creo honestamente en la remontada. Que sirva luego para algo más que un,”no hay dos sin tres” de ridículos europeos en una misma temporada. Lo compro.

Jugar peor que aquel día del 6-1 al PSG, se antoja difícil, tener menos expectativas de éxito que aquellos momentos siguientes a los del gol de Cavani, es casi imposible. Confiemos en que los de Turín, como ocurrió a los franceses, sientan el miedo al ridículo de una eliminación en sus carnes y, entonces, todo será posible.

Jesús C.  Facebook  Twitter

Habría que preguntarse el porqué de estos giros inesperados en el subconsciente y en el ánimo, que solo el fútbol es capaz de desencadenar.

Será que me he levantado happy o, quizás, que considero a los italianos cobardes futboleros por excelencia pero lo cierto es que confío, por no se que tipo de superstición, en la remontada. Ha sido leer en los panfletos la supuesta lesión de Dybala, un anticuado truco al que los transalpinos llevan abonados desde tiempos de Marco Aurelio y que solo muestra el talante cutre de un calcio anclado al pasado más rancio, y comenzar a creer.
Con los debidos respetos, a un servidor el chaval argentino le parece más la copia moderna de aquel Munitis, fichado con aura de fenómeno por el Irreal de Madrí, que el supuesto megacrack que tratan desde la capital de España de vender al madridiota medio. Y si, como parece, los juventinos tratan de jugar al gato y al ratón con la supuesta alineación o baja definitiva del ídolo local, por aquello del miedo escénico que pudiera provocar su presencia, me queda recordarles una cosa: Leo Messi juega de azulgrana el miércoles, y miedo lo que se dice miedo… tan sólo nos lo inspira nuestro cuerpo tétrico (otrora, técnico).

Con la ciega confianza en la autogestión de nuestros jugadores, con la fe absoluta en un cobarde planteamiento por parte de Maximiliano Allegri y con la seguridad de que los Chiellini y los Mandzukic no repartirán con el mismo entusiasmo como el mostrado en la ida, creo honestamente en la remontada. Que sirva luego para algo más que un,”no hay dos sin tres” de ridículos europeos en una misma temporada. Lo compro.
Jugar peor que aquel día del 6-1 al PSG, se antoja difícil, tener menos expectativas de éxito que aquellos momentos siguientes a los del gol de Cavani, es casi imposible. Confiemos en que los de Turín, como ocurrió a los franceses, sientan el miedo al ridículo de una eliminación en sus carnes y, entonces, todo será posible.

 

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