Karma del bueno

Karma del Bueno

Karma del Bueno

No podía ser de otro modo. Perdió el Real Madrid tras 40 partidos y 39 atracos con un gol de Sergio Ramos en propia puerta y otro en el tiempo de descuento, pese a los intentos del colegiado para que el doce de Zizú – que salió con tres centrales – mantuviera la racha.

Partido de ida y vuelta en el Sánchez Pizjuan entre dos considerables bandas que durante 85 minutos hicieron un juego que más me hubiera valido que me arrancasen los ojos.

Y tanto fue así que el primer tiro a puerta fue en el minuto 73 obra de Cristiano Ronaldo, que no debió haber sido el protagonista del lanzamiento al merecer la expulsión por una clara agresión a Vitolo que, amablemente, le había limpiado su punto favorito, y que el árbitro vio pero no pitó, dando continuidad a la impunidad de un CR150, tanto dentro como fuera del campo que, de buen grado, aceptó otro nuevo regalo anotando la pena máxima para inmediatamente irse a provocar al fondo del Sevilla dedito en alto y haciendo el gilipollas. El rendimiento del portugués está al nivel del de las preferentes bancarias, salvo por el hecho de que a los bancos les han condenado a devolver la guita, que este no devolverá nada de lo que ha robado, y que algunos banqueros del fútbol nos siguen intentando colar a esta soberana mierda tiempo después de que se haya descubierto el pufo.

Sin embargo, el momento karma nivel Dios llegó tras un libre directo lanzado por un canterano blanco que Sergio Ramos remataba a su propia portería. Esta vez no se echó las manos a las orejas de paleto que adornan su cráneo descerebrado, ni se puso a hacer el payaso mirando a diestro y siniestro. Eso sí, sus deseos de que le aplaudieran en Sevilla se vieron cumplidos y se retiró del campo entra grandes ovaciones y gestos de cariño.

Se creció el equipo Sampaoli y, viendo que el resultado peligraba, el trencilla asignado por el Visirato añadió solo tres, pero le falló el calculo tanto o más que la colocación de Keylor Navas en el gol de la victoria sevillista allá en el minuto favorito de un Sergio Ramos que reculaba con las manos atrás, como si el árbitro fuese a pitar penalty si la cogiese. Karma del bueno.

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No podía ser de otro modo. Perdió el Real Madrid tras 40 partidos y 39 atracos con un gol de Sergio Ramos en propia puerta y otro en el tiempo de descuento, pese a los intentos del colegiado para que el doce de Zizú – que salió con tres centrales – mantuviera la racha.

Partido de ida y vuelta en el Sánchez Pizjuan entre dos considerables bandas que durante 85 minutos hicieron un juego que más me hubiera valido que me arrancasen los ojos.

Y tanto fue así que el primer tiro a puerta fue en el minuto 73 obra de Cristiano Ronaldo, que no debió haber sido el protagonista del lanzamiento al merecer la expulsión por una clara agresión a Vitolo que, amablemente, le había limpiado su punto favorito, y que el árbitro vio pero no pitó, dando continuidad a la impunidad de un CR150, tanto dentro como fuera del campo que, de buen grado, aceptó otro nuevo regalo anotando la pena máxima para inmediatamente irse a provocar al fondo del Sevilla dedito en alto y haciendo el gilipollas. El rendimiento del portugués está al nivel del de las preferentes bancarias, salvo por el hecho de que a los bancos les han condenado a devolver la guita, que este no devolverá nada de lo que ha robado, y que algunos banqueros del fútbol nos siguen intentando colar a esta soberana mierda tiempo después de que se haya descubierto el pufo.

Sin embargo, el momento karma nivel Dios llegó tras un libre directo lanzado por un canterano blanco que Sergio Ramos remataba a su propia portería. Esta vez no se echó las manos a las orejas de paleto que adornan su cráneo descerebrado, ni se puso a hacer el payaso mirando a diestro y siniestro. Eso sí, sus deseos de que le aplaudieran en Sevilla se vieron cumplidos y se retiró del campo entra grandes ovaciones y gestos de cariño.

Se creció el equipo Sampaoli y, viendo que el resultado peligraba, el trencilla asignado por el Visirato añadió solo tres, pero le falló el calculo tanto o más que la colocación de Keylor Navas en el gol de la victoria sevillista allá en el minuto favorito de un Sergio Ramos que reculaba con las manos atrás, como si el árbitro fuese a pitar penalty si la cogiese. Karma del bueno.

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