Por tierra, piscina y aire

Por tierra , piscina y aire

Por tierra, piscina y aire

Feliz 2017 a todos. Incluidos los madridistas por lo que me toca como hijo, sobrino y, por encima de todo, amigo de muchos de ellos.

Hechos los preámbulos, y como lo cortés no quita lo caliente, procedemos a hablar del calentón sibilino arbitral de ayer noche en tierras vascas. Al meollo.
Nos atacan camaradas culés!!! Y entiendan lo de camaradas sin ningún tipo de compromiso con el ideario político de un servidor cada día más escéptico con las praxis en materia de desgobierno que cada día nos azotan.


A un paso de la cincuentena y sin la más mínima pretensión de ofrecer las lecciones que nadie ha solicitado este humilde medio y su creador me brindan la oportunidad de esbozar las inquietudes que me asaltan como aficionado al deporte en general, al fútbol de manera más selectiva, y al Barça como etiqueta más representativa del amor a unos colores.

Los recuerdos que se agolpan en el subconsciente tras cera de 40 años como culé, mezclan alegrías con sinsabores de triunfos y derrotas, con humillaciones y pírricas victorias ante un máximo rival que, históricamente, han servido como coartada perfecta para la autoflagelación lacrimosa y para la eterna disculpa arbitral con la que resolver la falta más que evidente de autocrítica.

Pero como toda calma precede a la tempestad y como no hay mal que cien años dure, el regreso de un flaco Profeta holandés, esta vez para sentar cátedra desde la dirección técnica, supuso el punto de inflexión sobre el que se ha cimentado la respuesta a las súplicas de aficionados azulgrana, que han seguido fieles a pesar de las decepciones vividas.

Y dicha respuesta desde entonces, con altibajos comprensibles, ha sido siempre la misma: el fútbol. Primero con Johann, con Rijkaard después, una etapa Van Gaal ensombrecida por el fichaje de un caprichoso Rivaldo, por supuestísimo con la llegada de Pep Guardiola al banquillo culé, que cuadró el círculo de la perfección futbolística y, finalmente, con la etapa de un Luis Enrique venido a menos desde su sorprendente – para unos pocos al menos – triplete, prisionero de las decisiones de unos individuos que tratan de convertir un Club que ha pasado de la Leyenda a una vulgar imitación de la Forbes 12, que el Führer Pérez ha implantado en la Castellana con la ayuda divina de no sabemos que tipo de metodologías, aunque las sospechamos.

Se vienen tiempos convulsos, en los que desde Madrid y sus cloacas propagandísticas, plagadas de bufones mileuristas y monos de feria nocturna, no se duda en emplear todo el arsenal disponible y por disponer para su uso y disfrute de todas las instituciones habidas y por haber – incluidas las jurídicas -, a su alcance para la canonización del dictadorzuelo compravoluntades Visir de Chamartín sin la necesidad de acudir a unas siempre incómodas elecciones que harían parecer al conjunto de Concha Espina un vulgar oasis democrático.

Jesús C.  Facebook  Twitter

Cruel ironía donde las haya, el título de este post es a lo que un bocachanclas argentino, periodista, rubio de bote y agitador profesional, ha llegado fruto de su intelecto vocacional como ex-becario de algún que otro antro dispensador de odio.

Y es que tras la ingesta, con los correspondientes daños colaterales en forma de pesadilla, tras presenciar esta pasada madrugada la visualización del partido entre Argentina y Colombia, a uno solo le cabe preguntarse si los amigos eran los de blanquiazul o los otros. Ni siquiera la aportación del mejor jugador de siempre merece el heroico gesto de trasnochar.


Como quiera que el interés que suscitan los comentarios bastardos de unos pocos aspirantes (del verbo aspirar) de Dios sabe que sustancias alucinógenas, el esfuerzo lo damos por amortizado. Gracias de nuevo,Leo.

Gracias por soportar las embestidas de un tipo de cuyo nombre no quiero acordarme pero que rima con manta. Gracias por soportar con estoicismo esos ladrillazos en forma de pases que suelen acabar en emboscadas rivales, y que nos tienen a los culés – creyentes y no creyentes – con el alma en vilo, suplicando para que tu regreso pueda producirse sin ningún tipo de amputación.

No se trata ya de un ejercicio de fe esperando tus nuevos alumbramientos deportivos. Querido Leo, solo rezamos por tu supervivencia.

Aprovecho el artículo para mencionar a unos pocos personajes, actores secundarios como de costumbre, que me merecen algún tipo de reflexión:

Di Maria, que de mosca cojonera se ha pasado directamente al maratoniano ejercicio de correr como pollo sin cabeza. James Rodríguez, que dejó detalles, sí. Detalles de su sobrepeso. Bauza, que tiene cara de Pellegrini, y que mantuvo el mismo rictus durante el 3-0 que durante el 0-3, impensable en un país, como decía Arturo Lezcano en su brillante artículo en El País, que cuenta con cuarenta millones de psicólogos. Y finalmente, Sergio Agüero, un brillante futbolista con una lesión crónica en forma de ex-suegro.Tu mueves, chaval.  Jesús C.  Facebook  Twitter 


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