Una mierda de Clásico

Una mierda de Clásico

Una mierda de Clásico

Me equivoqué. Hace dos días escribí un post titulado “El Clásico sin entrenadores”. He de reconocer mi error. Luis Enrique, por desgracia, va de entrenador. Zidane, por lo menos, no hace absolutamente nada.

Al acabar el partido, las payasadas de siempre. Zidane: “Cuando juegas con el corazón y crees que puedes conseguir algo, lo consigues. Me quedo con el juego del equipo”. Que soberana gilipollez. Y ¿qué me dicen de Luis Enrique?: “La indicación era muy clara. No hacer faltas y menos si un jugador del Madrid esta de espaldas a la portería”. No le hicieron ni puto caso. Vaya duo. Deberían montar un tinglao como el de Cruz y Raya y alejarse del fútbol.

Si fueron inexplicables las ausencias de Iniesta – ya recuperado – y Umtiti en el once inicial, – clave en la defensa por alto contra un equipo que solo hace peligro por arriba -, lo de los cambios finales es un esperpento inaudito, haciéndole perder el control del centro del campo y acabando encerrado en el área ante un Madrid de lo más penoso que he visto en mi vida. Blando abajo, triste en la creación y patético en la finalización. O sea, un reflejo del Barcelona. Zidane, hizo lo de siempre, nada. La historia de la intensidad y tal. Por ahora no le va mal.

El doce de Zizú se llevó un punto sin merecerlo, y los de Luis Enrique perdieron dos de la única manera que no puedes perderlos, con una jugada telegrafiada en el tiempo de descuento para que Sergio Ramos, como siempre, rematase de cabeza al fondo de las redes. No se puede ser más tontos. No deben tener los jugadores del Barcelona televisiones de 500 pulgadas HD, para ver que el Real Madrid, SIEMPRE, hace lo mismo. Pues nada, querían ser parte del reparto. Ahí lo tienen.

Un árbitro lamentable, que no vio nada en ningún sitio. Penaltis aquí, penaltis allá. Tarjetas perdonadas (Modric acabó el partido sin verla después de hacer de segar partidos de manera reiterada a lo Xavi Alonso), leyes de la ventaja mal aplicadas, un sinfín de errores técnicos y de percepción. Un asco.

Unos laterales pésimos. Sergi Roberto irrelevante, Jordi Alba que acabó todos sus centros golpeando a los defensores rivales. Carvajal con la cadera rota mil veces y Marcerdo, al que podemos salvar ya que al menos esta vez no lesionó a nadie.

Un centro del campo ramplón. Del lado blanco Modric dedicado a destruir impunemente el juego a la par que los tobillos rivales, Isco en su estado de intrascendencia habitual, Kovacic sin aparecer. En la esquina azulgrana André Gomes tan irrelevante como caro, Rakitic mediocre y un Busquets bastante mejorado con respecto a sus lamentables actuaciones de esta temporada. Iniesta lo mejoró con su presencia hasta que Ardá devolvió a la línea de medios a su estado natural.

Cristiano, con la cabeza en las Vírgenes, y no nos referimos a mujeres si no a las islas, hizo lo de siempre: nada. Benzema, también con la mente puesta en las vírgenes, es un muerto. Suárez, autor del gol, es incapaz de jugar el balón con los pies, y Neymar, que volvió a caerse seis veces porque sigue usando botas que resbalan, abusó del intento de regate y a fallar en la definición. De las famosas BBC y MSN solo se salva un discreto Messi.

En fin, que un clásico digerido por Mascherano, Cristiano, y Mariano, no puede acabar de otra manera que siendo una mierda. Y este, sin duda, lo ha sido.

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Me equivoqué. Hace dos días escribí un post titulado “El Clásico sin entrenadores”. He de reconocer mi error. Luis Enrique, por desgracia, va de entrenador. Zidane, por lo menos, no hace absolutamente nada.

Al acabar el partido, las payasadas de siempre. Zidane: “Cuando juegas con el corazón y crees que puedes conseguir algo, lo consigues. Me quedo con el juego del equipo”. Que soberana gilipollez. Y ¿qué me dicen de Luis Enrique?: “La indicación era muy clara. No hacer faltas y menos si un jugador del Madrid esta de espaldas a la portería”. No le hicieron ni puto caso. Vaya duo. Deberían montar un tinglao como el de Cruz y Raya y alejarse del fútbol.

Si fueron inexplicables las ausencias de Iniesta – ya recuperado – y Umtiti en el once inicial, – clave en la defensa por alto contra un equipo que solo hace peligro por arriba -, lo de los cambios finales es un esperpento inaudito, haciéndole perder el control del centro del campo y acabando encerrado en el área ante un Madrid de lo más penoso que he visto en mi vida. Blando abajo, triste en la creación y patético en la finalización. O sea, un reflejo del Barcelona. Zidane, hizo lo de siempre, nada. La historia de la intensidad y tal. Por ahora no le va mal.

El doce de Zizú se llevó un punto sin merecerlo, y los de Luis Enrique perdieron dos de la única manera que no puedes perderlos, con una jugada telegrafiada en el tiempo de descuento para que Sergio Ramos, como siempre, rematase de cabeza al fondo de las redes. No se puede ser más tontos. No deben tener los jugadores del Barcelona televisiones de 500 pulgadas HD, para ver que el Real Madrid, SIEMPRE, hace lo mismo. Pues nada, querían ser parte del reparto. Ahí lo tienen.

Un árbitro lamentable, que no vio nada en ningún sitio. Penaltis aquí, penaltis allá. Tarjetas perdonadas (Modric acabó el partido sin verla después de hacer de segar partidos de manera reiterada a lo Xavi Alonso), leyes de la ventaja mal aplicadas, un sinfín de errores técnicos y de percepción. Un asco.

Unos laterales pésimos. Sergi Roberto irrelevante, Jordi Alba que acabó todos sus centros golpeando a los defensores rivales. Carvajal con la cadera rota mil veces y Marcerdo, al que podemos salvar ya que al menos esta vez no lesionó a nadie.

Un centro del campo ramplón. Del lado blanco Modric dedicado a destruir impunemente el juego a la par que los tobillos rivales, Isco en su estado de intrascendencia habitual, Kovacic sin aparecer. En la esquina azulgrana André Gomes tan irrelevante como caro, Rakitic mediocre y un Busquets bastante mejorado con respecto a sus lamentables actuaciones de esta temporada. Iniesta lo mejoró con su presencia hasta que Ardá devolvió a la línea de medios a su estado natural.

Cristiano, con la cabeza en las Vírgenes, y no nos referimos a mujeres si no a las islas, hizo lo de siempre: nada. Benzema, también con la mente puesta en las vírgenes, es un muerto. Suárez, autor del gol, es incapaz de jugar el balón con los pies, y Neymar, que volvió a caerse seis veces porque sigue usando botas que resbalan, abusó del intento de regate y a fallar en la definición. De las famosas BBC y MSN solo se salva un discreto Messi.

En fin, que un clásico digerido por Mascherano, Cristiano, y Mariano, no puede acabar de otra manera que siendo una mierda. Y este, sin duda, lo ha sido.

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